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Mensaje por Shia Miér Nov 09, 2011 2:47 pm

La casa de la joven shia no estaba llejos de aquel lugar en que habia encontrado aquel muchacho, en poco tiempo habia lllegado a la aldea, en la orillas se podian ver algunos centinelas que se ponian en guardia para atacar. Sin embargo cuando lograron ver a la joven estos solo sonrrieron y saludaron.

-”hola niña como estas?”-.

Dijieron mientras ella con un paqueña sonrisa en su cara solo los miro y metio una mano a su canasta y saco unos pastelillos lanzandole uno a cada uno de ellos.

-bien espero que les sirva de algo el pastelillos los veo mas trade en la tienda-.

Dijo despidiendose de ellos mientras quer esperaba que el muhcacho que la acompáñaba entrara a la aldea, cuando la alcanso siguio caminando, a las orillas de aquella aldea se encontraba una pequeña posada, en la cual podian comprar comida y dormir algunos dias o alguna noche alguno de los guardia o cualquiera que quisiera, al fin y alcabo era un negocio.

Las puertas de germania New-Tristram-Tavern_nomashype

La niña llego al establo que estaba en un lado y encerro al caballo en el, salio y con una cara de indiferencia se dirijio a la puerta sacando una pequeña llave y abriendo la puerta de aquella casa.

-Vamos entra-.

Dijo mientras entraba, al principio parecia el comedor, habai muchas mesas y una barra en cual habia varios licores y algunos tarros. En un lado de aquella barra se encontraban dos puertas, una decia cacina, y otra iba a dar a las habitaciones donde solian dormir aquellas que rentaran la habitacion.

La chica entro a la cocina y encendio un poco de fuego y comenso a calentar un puchero que estaba ahi, tomo un para de platos y un poco de pan, mientras el puchero se calentaba la joven cortaba algo de pan. Los coloco en una bandeja y salio de la cocina. Los coloco en la barra, saco un tarro y coloco un ron el la barra y se dirijio aquel muchacho.

Sirvete mientras traigo la comida.

Dijo mientras volvio a la cocina retiro eel uchero del fuego y sirvio un poco en aquellos platos, salio de nuevo a la barra y coloco un cuchar en un plato la acerco con una pieza de pan y se sento colocando una cuchara en el otro plato y lo observo.

-Vemos no esperare siempre-.

Dijo de forma autoritaria ya que lo estaba esperando para comer.
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Mensaje por Noah Sáb Nov 12, 2011 11:09 pm

Noah siguió a la muchacha sin siquiera decir una palabra o voltear para mirarle, prestándole atención únicamente al caballo con el cual se transportaba la pequeña. El camino fue tan largo como se lo hubiese esperado, y el primer sobresalto llegó cuando unos centinelas parecían dispuestos a atacarles. No lucían muy fuertes, pero justo antes de lanzarse a la batalla, parecieron reconocer a la joven que guiaba al ex guerrero romano y los dejaron pasar sin mayor problema.

Por lo demás el trayecto hasta la casa de la niña a través de la aldea fue bastante aburrido y silencioso. Pasar por las caballerizas, recorrer un pequeño tramo más y finalmente entrar a una posada. Ni siquiera le prestó atención a los hombres y mujeres de aquel sitio tan lúgubre y cubierto por el azote del invierno. Al menos allí la nevada no pegaba tan fuerte.

Una vez adentro, se sacó la manta y la tiró encima de unos muebles, mientras inspeccionaba el lugar en busca de alguna posible trampa. Todavía no confiaba en dicha mocosa, pero podía darle crédito de no haberle traicionado ni dado en bandeja a aquellos estúpidos soldados vigías. Parecía ser que en verdad no se daba cuenta que frente a ella estaba uno de los Romanos causantes de la desdicha de las tierras germanas.

Todo lo demás fue bastante rápido, y le dio la sensación de marearse cuando la vio moverse como una pulga fastidiosa de un sitio a otro, cortando pan, poniendo leña al fuego, entre otros. En una barra le dejó licor, lo que llamó poderosamente la atención del aventurado guerrero del Imperio.


Je… una niña dándome alcohol, los bárbaros son muy… extraños.
- Comentó con ironía, acercándose a la barra a inspeccionar el supuesto tarro.

Lo miró con algo de recelo, seguía sin estar del todo tranquilo. No obstante y después de un par de dubitativos intentos por ingerir el líquido, no tuvo problemas en servírselo todo de un sólo golpe. Estaba sediento, hace días que no bebía nada más que agua congelada. Le hacía bien sentir el sabor de algo que no fuese sangre humedeciendo su garganta.

En ese mismo instante la muchacha sirvió la comida y le comentó en forma autoritaria que se sentara de una buena vez a comer. Por supuesto una acción que él no iba a tolerar…

Te dije que no me des órdenes, pequeña mocosa. Cumpliste tu trato y yo el mío, pero no por ello te sientas en confianza… - Estaba dispuesto a marcharse, pero entonces su estómago rugió y entendió que sus fuerzas mermaban. - … comeré, pero no aceptaré que me trates como se te dé la maldita gana. Si tienes alguna tarea disponible, la tomaré y te pagaré la comida y el alojamiento… cortar leña, cazar algún animal... alguna cosa podré hacer.

Su orgullo de romano le impedía aceptar sin dar nada a cambio la ayuda prestada por la infante. Por tanto, en silencio se sentó y comenzó a engullirlo todo con mucha rapidez. Estaba más bueno de lo que hubiese podido esperar.
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Mensaje por Shia Jue Nov 17, 2011 1:54 pm

La pequeña shia oservaba la manera en la que aquel hombe se comportaba de cierta manera le recordaba aun joven que solia vistarla cuando sus padres vivian. Su sonrisa se hacia cada vez mas gande en su cabeza la foma en la que se comportaba aquel joven ea extraña sin embargo era mas orgulloso y nesio de lo
que parecia.


Pero tambien la pequeña era orgullosa, habia apendido a vivir sola y sobrevivir de pesonas como el, asi que la pequeña solo comenso a comer y con una mirada de reojo comenso a pensar que nesessiaria para el dia siguiente.

Sin darse cuenta el extraño habia comensado a comer y estaba por terminar la comida, por lo cual sonrio, ironicamente fuese quien duese la joven shia se sentia alege cuando alguian comia su comida, pero a nadie le demostraba eso por lo
cual se levanto y trajo otra ronda de platos con comida.


-Sabes me ayudaria mucho si despues de que cenes me ayudaras a cota algo de leña ya que tengo que prender algo de fuego para que la posada se mantenga caliente, despues de eso puedes tomar, un baño si quieres?-.


Dijo mientras colocaba los platos con comida en la barra cercas de aquel chico, Shia se dirigio a la otra pueta, al abirla se demostraba con un vstaso una gan sala con una chimenea ahi se encontabn las entada a acada una de las habitaciones, la pequeña paecia que habianetrado a su habitacion.

Despues de un ato salo con unas ropas y la coloco en el sillon y se dirigio a la barra de nuevo y lo obsevo fijamente.

-Espero que la comida haya sido de tu agrado, si decides tomar el baño en el sillon de la siguiente habitacion se encuentran algunas ropas, no es una oden solo si
desesa, y ........-
Con un poco de complicacion y en vos baja la chica dijo -Si parecia que daba ordenes disculpa vivo sola desde muy pequeña y tube que aprender a vivir sola-. Despues de eso volvio a su caracter de siempre- Pero ni pienses que por lo que acabo de decir confio plenamente en ti, po cierto no me llamo chiquilla me llamo Shia-.


De ahi la pequeña se dirigio nuevamente a la sala lista para prender algo de fuego.
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Mensaje por Noah Dom Nov 27, 2011 12:37 pm

Noah estaba comiendo bastante apresurado, demostración clara que el hambre acumulada por días hacía mella en sus sentidos y ya simplemente quería alimentarse para así poder recuperar fuerzas.

Odiaba la sensación de debilidad que le causaban los mareos, cansancio prematuro, el frío mermando en exceso en sus huesos, entre otros, siendo eventos que en él poseían justamente una causa común: El agotamiento. Sabía que tenía que comer y descansar, pero dentro de sus normas de vida propias el comportarse como un patético humano sin dar la lucha antes, no estaba permitido. Sólo podía cumplir una de las dos premisas, o comer o reposar y había optado por la primera. Una vez que acabase de comer, pagaría su deuda con la muchacha y luego pensaría qué iba a hacer. No estaba en sus planes permanecer mucho tiempo en tierras bárbaras, puesto que ya llevaba varios días metido allí y ya el hielo lo tenía absolutamente aburrido. Además, no confiaba en absolutamente nadie, y menos todavía en un pueblo con el que por tanto tiempo había permanecido en guerra. Era cuestión de tiempo para que lo identificase alguna mierda de bárbaro y tendría problemas de sobra.

Sabía que existían tipos y tipos de pueblos, y por supuesto, comprendía la regla vital en las huestes de los conquistadores romanos: mientras más al norte y profundo vayas, más belicoso y peligroso será el terreno. Esto se traducía en el hecho de que según informes de los exploradores, los peores y más temibles pueblos de toda la región del norte, eran justamente los que se alejaban más de sus terrenos y se posaban en las zonas más heladas y gélidas y todas. Las zonas más complicadas por dominar, y que justamente había tenido como tarea él y sus soldados dominar.


Tsk…


El recordar su antigua vida lo amargó, por lo que dejó de comer y simplemente se levantó de la mesa, sin dirigir una palabra a la niña que se movía de un lado a otro en su manera tan histriónica de ser. Noah simplemente la ignoró, y se dirigió en dirección a la puerta por donde había entrado, pero justo antes de salir, se detuvo.


Te traeré la leña y estaremos a mano.
– Le dijo con una voz poco amigable, para después proceder a cerrar la puerta de golpe y salir hacia el exterior.

Los fantasmas de su pasado todavía lo atormentaban, y por lo mismo, se daba cuenta que no podía permanecer tranquilo en las tierras del norte. A medida que caminaba se daba cuenta que todo le traía recuerdos: de su vida pasada, de sus glorias, de sus heridas, sus luchas, sus compañeros, el ascenso a su puesto y finalmente… su valía.

Aquello era lo más importante para él, un hombre con un orgullo notable y una obstinación a prueba de todo. Su valentía, su valor para afrontar las cosas solo sin preocuparse de lo demás. ¿Estaba en lo correcto dejando atrás su vida, sólo porque había sido traicionado? Por primera vez desde que lo había decidido, se cuestionaba si la mejor decisión era abandonarlo todo y comenzar de cero.


Esa mujer….
– Susurró para si mismo, mientras con su espada seguía cortando y talando árboles con una fiereza inusual para un soldado romano.

Pensar en aquella extraña bruja lo alteraba más de la cuenta, y aún sin siquiera tener un motivo para ello, simplemente se enfadaba al recordarla. En cierta forma, también y aunque le costase, debía admitir que si había dejado atrás todo, era justamente par evitar volver a topársela nuevamente en su camino.

Aquella supuesta reina de Egipto, correspondía para Noah a esa clase de ser humano que no quería volver a ver otra vez en su vida, jamás, pasase lo que pasase. Y que sin embargo, no lograba sacar de su cabeza por mucho que lo intentase.

No obstante no era lo único que le causaba molestia, por supuesto que no. Una vez que había calmado su hambre con el primer bocado en la nieve, había aprovechado el momento de lucidez para plantearse el si permitiría que se rieran de él tan fácilmente. Alguien en Roma estaba carcajeándose a expensas suyas, un imbécil en esa ciudad se reía de su Emperador y de él mismo…

Y más imperdonable todavía, una escoria se inundaba de gloria a costa suya. De SU gloria.

Volvió a la cabaña, entró sin pedir permiso y dejó la leña junto al fuego. Su rostro estaba totalmente serio y en una de sus manos la sangre chorreaba de manera abundante.


Me largo… necesito un caballo y un mapa. Para pagártelo me tomé la libertad de traer unas pieles, están junto a la leña. ¿Cuál puedo tomar?.


Bien podría haber tomado un equino y haberse marchado sin avisar, pero poseía un honor inquebrantable y a su manera, no podía permitir que ello se manchase y actuar de manera ingrata con la mocosa que lo había ayudado en un momento de necesidad. No estaba en sus códigos de soldado depender de otros, pero a esas alturas no podía devolver el tiempo atrás. Sólo le quedaba actuar acorde a su rango y sus valores propios.

Sí… era un tipo serio, alejado, malhumorado, gruñón, agresivo y descortés… pero nada de ello podía superar a su honra, y a su orgullo como hombre. Un verdadero hombre no corría, peleaba. No tomaba a la fuerza a una mujer, la dominaba. No fallaba a sus ancestros, los respetaba y veneraba. Y definitivamente, no le robaba a una niña desprotegida…

Se quedó de pie, esperando que sus palabras – dichas en voz alta, sin destino aparente – fuesen respondidas.
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Mensaje por Noah Dom Dic 18, 2011 2:10 pm

Luego de cerrar el trato con la muchacha, el ex guerrero romano se despidió de forma indiferente y salió por la puerta, cerrando con fuerza la casona que lo había acogido durante esa breve pero reconfortante instancia.

Si algo poseía el hombre, era ogullo… y como cualquier persona con mucho orgullo, también desbordaba honor. Por lo mismo, no podía ser un ingrato y dejar de reconocer que dicha mano le había servido para enmendar el camino y no quedarse dando vueltas como idiota por las tierras bárbaras. Ahora ya más consciente de lo que hacía, entendía cuál era su tarea y qué era lo que realmente debía hacer. Ya no tenía pensamientos de alejarse de su pasado, ni mucho menos de negar su destino. Podía ser que ya no fuese un general reconocido y respetado, sí, podía ser absolutamente cierto que hubiese perdido sus títulos de guerra y sus honores… pero había algo que todavía poseía, y era lo más importante y de mayor significado en su vida: su nombre, su espíritu de lucha… y su furia. Nunca nadie podría arrebatarle lo que más le caracterizaba, su personalidad fría y carente de piedad o calidez. Era una herramienta, era un guerrero hecho y derecho, y sobretodo… era un hombre orgulloso de ser como era. No abandonaría su vida sólo porque un estúpido en Roma había decidido despojarlo de sus hombres y cargo, no necesitaba de aquello. Seguía siendo el imparable general conocido en todas las legiones como el “rugido del Dragón”… y como tal, le era imposible permitir que el rugido cesara, puesto que no estaba en su naturaleza el conservar la paz. Era un ser intrínsicamente bélico y lo aceptaba orgulloso, sabiendo que había nacido para pelear, viviría peleando y tarde o temprano, moriría atravesado por la espada de un oponente digno de su fiereza, que lo mandaría al infierno o a descansar con sus antepasados, la verdad lo que le pasase después de morir le daba exactamente lo mismo. En ese pequeño viaje, había entendido la importancia del vivir y una vez más, estaba dispuesto a alzar su vuelo por sobre los cielos y seguir siendo el hombre determinante que incluso llego a estar entre los más destacados generales de todo el Imperio.

Una vez estando sobre su caballo, entrecerró sus ojos y pensó en el largo camino que le esperaba hasta Roma. Seguramente tendría que atravesar muchos más obstáculos, pero no le daba miedo ni mucho menos desalentaba dicha perspectiva. Al contrario, le entusiasmaba encontrarse con germanos y hacerles probar por última vez el afilado acero de sus espadas, que eran la mejor representación de lo que él era, y a su vez, de lo que no era ni sería jamás: Un hombre pacífico, un hombre que podía vivir sin derramar sangre, ya fuese ajena o propia. Era su marca personal, el motor de su vida y lo que hacía que todo tuviese sentido. Después de todo era un depredador por naturaleza, un animal sediento de sangre y lleno de ira que sólo podía vivir en paz luchando, por muy paradójico que sonase. Ese era el camino que le deparaba su vida, y al mismo tiempo, el que había aceptado gustoso en aquellos lejanos años en los que comenzaba su preparamiento militar. Vivir de otra forma era imposible y lo había sabido, en el mismo momento en que caminó sin rumbo y casi sin nombre. Aquel era un error que no volvería a cometer, sin importar qué ocurriese.

Podría no tener amo. Podría no tener alguien concreto a quien servir. Podría no tener familia ni mucho menos amigos o seres queridos. Pero siempre, siempre tendría sus espadas y sus garras, siempre tendría deseos de luchar y de probarse constantemente que era un depredador, un cazador de vidas y básicamente, un animal lleno de furia que sólo podía encontrar tranquilidad en el fragor de la batalla y el asesinato. Ese era él…

Ese era Noah, el general “Rugido de Dragón” y máximo exponente de la furia en todas las tropas romanas. No lo olvidaría de nuevo, aún cuando su vida se apagase en el futuro, siempre recordaría quién era y porqué hacía lo que hacía.

Simplemente, era un hombre que vivía en conflicto, y moriría en conflicto con todos y todo. Nada podía apaciguar su furia, ni mucho menos dominarle a él. De eso estaba totalmente seguro.

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