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[Alejandria] Calles de la ciudad
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[Alejandria] Calles de la ciudad
Recuerdo del primer mensaje :
El joven capitán caminaba entre la multitud normalmente no trataba de llamar la atención menos en esa ciudad; Cada vez se encontraba mas mareado. Tal vez el efecto de las rosas no había pasado del todo, mientras observaba notaba los diferentes atuendos que portaban los Egipcios a los Romanos, incluso los rasgos físicos cambiaban entre ambas especies. Las culturas parecían de mundos diferentes, Júpiter y Urano. Aunque las diferencias físicas y culturales eran diferente, no dejaban de ser humanos. Mientras cruzaba por las calles de la enorme ciudad escuchaba las charlas de los aldeanos, luego de haber pasado tanto tiempo entre ellos Strife finalmente logro entender su idioma al menos lo básico. Veía como la gente lo observaba con desprecio pues no era un estúpido.
Aunque se sentía como un estúpido dado que un poco de la culpa de que el asedio haya fallado era de el. Ya toda Roma seguramente se había enterado de tal deshonra, como una legión completa fue engañada por la mente de una mujer. Habían pasado 2 años de la ultima vez que vio Roma y 5 desde que juro lealtad al imperio manteniendola por mano de hierro, en esos últimos 2 años mato a los enemigos del Emperador como si fueran basura o incluso animales.
Incluso cada vez que veía a los aldeanos de esta ciudad recordaba los cuerpos muertos sin vida de los Egipcios, recordaba cuantos padres, hermanos, tíos, abuelos, hijos, primos, había matado en el campo de batalla. Pero por mas que fueran las muertes cumplió con su labor de legionario y nadie podía negarlo. Mientras acentuaba la cabeza hacia abajo puso su mano derecha en donde antes solía encontrarse su espada. Dando un suspiro menos notable siguió caminando, un solo propósito era el cual lo traía de vuelta a esta ciudad lograr encontrar al general que le había liderado todos estos años.
- Mierda, Edward. ¿Donde te habras metido esta vez? Ya me estoy cansando de tener que estar buscándote entre toda esta gentuza y no ver ni siquiera señales de tus pasos, finalmente la hora de llegar a Roma ha llegado y tu ni siquiera apareces. Maldita sea, odio cuando tengo que buscar a alguien por todos lados . -
Pronunciaba en un tono bajo para evitar la sobre atención de las personas allí presentes; El joven observaba hacia todos lados para poder visualizar a aquel general quien no aparecía por ninguna parte. El calor comenzaba a sentirse con intensidad lo cual cansaba y deshidrataba al Romano, este observaba en todas direcciones pero aun así su amigo y líder no aparecía, tras estar así casi todo el rato tomo la ruta de los peatones y si la suerte estaba de su lado se encontraría con el general.
El joven capitán caminaba entre la multitud normalmente no trataba de llamar la atención menos en esa ciudad; Cada vez se encontraba mas mareado. Tal vez el efecto de las rosas no había pasado del todo, mientras observaba notaba los diferentes atuendos que portaban los Egipcios a los Romanos, incluso los rasgos físicos cambiaban entre ambas especies. Las culturas parecían de mundos diferentes, Júpiter y Urano. Aunque las diferencias físicas y culturales eran diferente, no dejaban de ser humanos. Mientras cruzaba por las calles de la enorme ciudad escuchaba las charlas de los aldeanos, luego de haber pasado tanto tiempo entre ellos Strife finalmente logro entender su idioma al menos lo básico. Veía como la gente lo observaba con desprecio pues no era un estúpido.
Aunque se sentía como un estúpido dado que un poco de la culpa de que el asedio haya fallado era de el. Ya toda Roma seguramente se había enterado de tal deshonra, como una legión completa fue engañada por la mente de una mujer. Habían pasado 2 años de la ultima vez que vio Roma y 5 desde que juro lealtad al imperio manteniendola por mano de hierro, en esos últimos 2 años mato a los enemigos del Emperador como si fueran basura o incluso animales.
Incluso cada vez que veía a los aldeanos de esta ciudad recordaba los cuerpos muertos sin vida de los Egipcios, recordaba cuantos padres, hermanos, tíos, abuelos, hijos, primos, había matado en el campo de batalla. Pero por mas que fueran las muertes cumplió con su labor de legionario y nadie podía negarlo. Mientras acentuaba la cabeza hacia abajo puso su mano derecha en donde antes solía encontrarse su espada. Dando un suspiro menos notable siguió caminando, un solo propósito era el cual lo traía de vuelta a esta ciudad lograr encontrar al general que le había liderado todos estos años.
- Mierda, Edward. ¿Donde te habras metido esta vez? Ya me estoy cansando de tener que estar buscándote entre toda esta gentuza y no ver ni siquiera señales de tus pasos, finalmente la hora de llegar a Roma ha llegado y tu ni siquiera apareces. Maldita sea, odio cuando tengo que buscar a alguien por todos lados . -
Pronunciaba en un tono bajo para evitar la sobre atención de las personas allí presentes; El joven observaba hacia todos lados para poder visualizar a aquel general quien no aparecía por ninguna parte. El calor comenzaba a sentirse con intensidad lo cual cansaba y deshidrataba al Romano, este observaba en todas direcciones pero aun así su amigo y líder no aparecía, tras estar así casi todo el rato tomo la ruta de los peatones y si la suerte estaba de su lado se encontraría con el general.
Strife- Caballeros Dorados
- Ataques :
AD - Rozan sacred Dragons (900)
Defensa : Dragon Storm
Cantidad de envíos : 80
Re: [Alejandria] Calles de la ciudad
Cuarto Post de Defensa - Maestría
Se alejó de los barrios sumidos en la miseria para llegar a las calles de Alejandría. Para cuando llegó ahí ya estaba amaneciendo. La noche se le fue jugando con la pequeña mente de Kainan, caminando por el desierto a medianoche y vagando entre los desperdicios de la sociedad. Debía aceptarlo, si se había demorado era porque quiso probar la fuerza de ese cuerpo provocando pleitos callejeros en el camino. Los egipcios que pasaban a su lado. Lo miraban extraño por ser extranjero y vestir solamente un corto pedazo de tela que apenas y cubría lo necesario.
Esas miradas lo estaban irritando, pero se resistía a causar alboroto. No quería que ocurriera un escándalo semejante al que ocasionó Apocalypse que había despertado en el cuerpo de aquel muchachito llamado Khrysis. Golgordan era conciente de que no estaba seguro ahí, ya que también podría ser emboscado por un Espectro. Un error así se le podía perdonar a un Berseker como Apocalypse, pero no a él. No por nada era conocido por sus habilidades para pasar desapercibido y manipular todo desde las sombras.
-¿Qué tanto me están mirando, imbéciles?- Dijo, frenando el paso y registrando a todos los presentes con una mirada fulminante. Quería asesinarlos y cortar sus cabezas para darse un baño sangriento. El fragor de la batalla era algo que extrañaba, y aunque sus tácticas se especializaban en la manipulación y dominio absoluto de la mente, también disfrutaba cuando podía sostener una espada para cortar de tajo el cuerpo de un rival y mancharse el rostro con al líquido carmesí.
Aquellos inútiles le iban a servir, pues habían sido ascendidos a conejillos de indias del pelirrojo. El brillante color rojizo que lo rodeaba fue cambiando hasta volverse una luminiscencia plateada. –Vamos, acérquense un poco más.- Dijo el muchacho, aumentando más el tamaño del aura que lo protegía. La fuerza que emitía ese campo creado por su energía psíquica era impresionante, tanto que hacía que los cuerpos de esos pobres diablos fueran empujados violentamente. La barrera se transformó en una enorme burbuja, un campo de fuerza que chocó contra todos los cuerpos y estructuras cercanas, mandándolos a volar como basura. -¡Admira mi poder, Egipto de mierda!- Exclamó, contemplando la destrucción mientras el escudo esférico desaparecía. Los cuerpos de los egipcios habían caído sobre los tejados y escombros, manchándolo todo con su sangre.
Esas miradas lo estaban irritando, pero se resistía a causar alboroto. No quería que ocurriera un escándalo semejante al que ocasionó Apocalypse que había despertado en el cuerpo de aquel muchachito llamado Khrysis. Golgordan era conciente de que no estaba seguro ahí, ya que también podría ser emboscado por un Espectro. Un error así se le podía perdonar a un Berseker como Apocalypse, pero no a él. No por nada era conocido por sus habilidades para pasar desapercibido y manipular todo desde las sombras.
-¿Qué tanto me están mirando, imbéciles?- Dijo, frenando el paso y registrando a todos los presentes con una mirada fulminante. Quería asesinarlos y cortar sus cabezas para darse un baño sangriento. El fragor de la batalla era algo que extrañaba, y aunque sus tácticas se especializaban en la manipulación y dominio absoluto de la mente, también disfrutaba cuando podía sostener una espada para cortar de tajo el cuerpo de un rival y mancharse el rostro con al líquido carmesí.
Aquellos inútiles le iban a servir, pues habían sido ascendidos a conejillos de indias del pelirrojo. El brillante color rojizo que lo rodeaba fue cambiando hasta volverse una luminiscencia plateada. –Vamos, acérquense un poco más.- Dijo el muchacho, aumentando más el tamaño del aura que lo protegía. La fuerza que emitía ese campo creado por su energía psíquica era impresionante, tanto que hacía que los cuerpos de esos pobres diablos fueran empujados violentamente. La barrera se transformó en una enorme burbuja, un campo de fuerza que chocó contra todos los cuerpos y estructuras cercanas, mandándolos a volar como basura. -¡Admira mi poder, Egipto de mierda!- Exclamó, contemplando la destrucción mientras el escudo esférico desaparecía. Los cuerpos de los egipcios habían caído sobre los tejados y escombros, manchándolo todo con su sangre.
Kainan- Status :
Ataques :
AD - Explosión Mágica (500)
Defensa :
Barrera Arcana
Cantidad de envíos : 99
Re: [Alejandria] Calles de la ciudad
4to Post Afa – Especialización
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Todavía caminando por las calles de la capital de Egipto junto al chiquillo germano, el gemelo de Cambre debía reconocer que si bien pobre, polvorosa, calurosa y molesta aquel sitio era tan o más grande que la mismísima Roma. Y eso no le gustaba en lo más mínimo. Normalmente no le llevaba demasiado tiempo el ubicar la ruta más sencilla para salir de la ciudad y terminar dando en el desierto, pero el recorrer todo ese espacio en la noche cambiaba bastante las cosas…era como si algún tipo de fuerza sobrenatural se apoderara de toda la nación en las noches en que la luna no parecía ser el astro principal en la bóveda celeste.
Las presencias residuales de Espectros y más recientemente, Berserkers no ayudaban demasiado a esa percepción. Era como vivir en una ciudadela habitada por enemigos permanentes y eso…no importaba demasiado. Según lo que había podido constatar Aspros con tan solo una inspección de los cosmos dejados por sus dueños, todos eran meras basuras en comparación a sí mismo. Prácticamente era pisar los juguetes de un niñito con los pies, eso mismo era lo que representaban todos esos sujetos para él.
Simplemente inferiores. Murmuró Aspros levantando las cejas la tiempo que se detenía en medio de una calle abandonada, donde nada quedaba y por donde apostaba habían pasado al menos dos Berserkers y uno que otro Espectro. Las huellas que dejaban sobre la Tierra, aquellas que tan solo los Santos eran capaces de detectar eran prueba suficiente.
Cerrando su puño izquierdo por debajo de la capa de viaje marrón que ya lo caracterizaba cuando se encontraba viajando o transitando por Egipto, el Santo de Géminis centró parte de su cosmos en este, notando como las sombras a sus pies se revolvían como si fueran fuego recién encendido, danzando al compás que marcaba su energía cósmica. Perfecto, aquella aura de maldad y muerte que se respiraba en Egipto era más que suficiente como para poder ser la piedra angular de lo que tenía en mente, aquello que aparte de servir para demostrarle un punto importante a Traian también funcionaría como una medición de sus propias fuerzas y todo lo que eso podía lograr.
Ya podía reproducir al máximo el poder del Ángel de Alas Negras, ahora iría por algo que realmente era mucho más ambicioso y que según creía, era más que factible dado su enorme potencial como guerrero. Despejando su mente y dejando atrás todo lo demás, continuó con su camino, siendo seguido por el pelirrojo germano.
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Todavía caminando por las calles de la capital de Egipto junto al chiquillo germano, el gemelo de Cambre debía reconocer que si bien pobre, polvorosa, calurosa y molesta aquel sitio era tan o más grande que la mismísima Roma. Y eso no le gustaba en lo más mínimo. Normalmente no le llevaba demasiado tiempo el ubicar la ruta más sencilla para salir de la ciudad y terminar dando en el desierto, pero el recorrer todo ese espacio en la noche cambiaba bastante las cosas…era como si algún tipo de fuerza sobrenatural se apoderara de toda la nación en las noches en que la luna no parecía ser el astro principal en la bóveda celeste.
Las presencias residuales de Espectros y más recientemente, Berserkers no ayudaban demasiado a esa percepción. Era como vivir en una ciudadela habitada por enemigos permanentes y eso…no importaba demasiado. Según lo que había podido constatar Aspros con tan solo una inspección de los cosmos dejados por sus dueños, todos eran meras basuras en comparación a sí mismo. Prácticamente era pisar los juguetes de un niñito con los pies, eso mismo era lo que representaban todos esos sujetos para él.
Simplemente inferiores. Murmuró Aspros levantando las cejas la tiempo que se detenía en medio de una calle abandonada, donde nada quedaba y por donde apostaba habían pasado al menos dos Berserkers y uno que otro Espectro. Las huellas que dejaban sobre la Tierra, aquellas que tan solo los Santos eran capaces de detectar eran prueba suficiente.
Cerrando su puño izquierdo por debajo de la capa de viaje marrón que ya lo caracterizaba cuando se encontraba viajando o transitando por Egipto, el Santo de Géminis centró parte de su cosmos en este, notando como las sombras a sus pies se revolvían como si fueran fuego recién encendido, danzando al compás que marcaba su energía cósmica. Perfecto, aquella aura de maldad y muerte que se respiraba en Egipto era más que suficiente como para poder ser la piedra angular de lo que tenía en mente, aquello que aparte de servir para demostrarle un punto importante a Traian también funcionaría como una medición de sus propias fuerzas y todo lo que eso podía lograr.
Ya podía reproducir al máximo el poder del Ángel de Alas Negras, ahora iría por algo que realmente era mucho más ambicioso y que según creía, era más que factible dado su enorme potencial como guerrero. Despejando su mente y dejando atrás todo lo demás, continuó con su camino, siendo seguido por el pelirrojo germano.
Aspros- Caballeros Dorados
- Reino : Santuario de Athena
Ataques :
AD - Ignición (4200)*
AD - Disrupción (4300)*
AM - Golpe Centrado (4500)*
AM - Sentencia (4600)*
AF - Satan Imperial (4800)*
AF - Canción de la Muerte (4850)*
AF -Explosión de Galaxias (4900)*
AFa -Megiddo (5100)*
TS -Destrucción Dual
TE -Apoteosis
Defensa :
Otra DimensiónDE - Niebla Cósmica
Cantidad de envíos : 694
Re: [Alejandria] Calles de la ciudad
*despues de ser informado por uno de sus sirvientes del mandato del sacerdote Imotep, Guruclef se dirigio hacia la ciudad de Alejandria, y sin dudar alguna era mucho mas bello que lo que el pensaba .
Caminaba sin rumbo aparente cuando se encontro entre algunos mercados de dicho lugar, eran muy coloridos sin duda y donde quiera que pasaba la gente ofrecia su mercancia.
El joven sacerdote decidio no detenerse y continuar su andar hasta que llego a un templo donde fue detenido por otro ministro aquel joven lo saludo con agrado y le dijo
-tu debes ser Guruclef ¿cierto?, nos han hablado mucho de ti en Egipto
Guruclef solo se sonrojo un poco pero no dijo nada asi que el ministro continuo
-oye hombre deverias hacer voto de silencio , camarada se que el gran Imotep te a mandado a llamar pero primero tienes que ver a la reina para que apruebe tru estadia aqui
Caminaba sin rumbo aparente cuando se encontro entre algunos mercados de dicho lugar, eran muy coloridos sin duda y donde quiera que pasaba la gente ofrecia su mercancia.
El joven sacerdote decidio no detenerse y continuar su andar hasta que llego a un templo donde fue detenido por otro ministro aquel joven lo saludo con agrado y le dijo
-tu debes ser Guruclef ¿cierto?, nos han hablado mucho de ti en Egipto
Guruclef solo se sonrojo un poco pero no dijo nada asi que el ministro continuo
-oye hombre deverias hacer voto de silencio , camarada se que el gran Imotep te a mandado a llamar pero primero tienes que ver a la reina para que apruebe tru estadia aqui
Guruclef- Cantidad de envíos : 16
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