Saint Seiya Ancient Chronicles
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Mensaje por Solomon Dom Ago 08, 2010 8:07 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Esta vez no tardaron mucho en llegar a roma, las bellas casas iban aumentando en grandeza a medida que avanzabamos por entre las calles y avenidas asfaltadas con cientos de piedras blanquesinas.

Pronto unos guardias imperiales detuvieron el coche, tan solo de ver al muchacho que yacia al lado de la jovencita dentro de la carroza decidieron abrir la entrada al palacio del emperador, lugar donde residia su familia y donde solo estaban permitidos de entrar los grandes mandatarios o invitados ilustres de roma.

La exhuberancia de los jardines resultaba exquisito de apreciar, aun sorprendia al joven senador a pesar de practicamente haberse criado alli mismo. Los minutos transcurrian, Solomon suspiro mientras sentia como los potros se detenian suavamente...

llegamos amos.

Se logro escuchar la voz seca del hombre que guiaba a los caballos, Solomon vio por ultima vez la cara de la mujer rubia, abrio la puerta y volvio a ponerle frente suyo la mano para ayudarle a descender. Lin parecia algo dubitativa de bajar, aun siendo princesa parecia anonadada por la ostentocidad del castillo.

No se preocupe... estare a su lado el tiempo que usted lo requiera. Ahora descienda.

La joven tomo su mano delicadamente, bajo y tomada dle brazo de Solomon emprendio la ruta hacia la entrada del palacio. Un par de guardias custodios de la familia real abrieron la puerta y por fin estaban en la sala destinada a recepción. La alfombra roja y los adornos purpuras hacian más lujoso al gran Lobby.

Estoy aqui para alistar una audiencia a la princesa Lin de Britania. Ahora soldado informele de inmediato a la emperatriz de nuestra llegada.

La voz fria de Solomon hacia denotar su prisa, los soldados imperiales mostraron sus respetos a los recien llegados, uno de ellos salio de la sala mientras unos siervos traian frutas para convidar a Lin y compañia. Todo parecia en orden.
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Mensaje por Penélope Miér Oct 19, 2011 2:06 pm

Como era de esperar y cuan equivocada estaba terminé dentro de aquella reunión, rodeada de la crema y nata de la sociedad o bien, de lo que quedaba de la sociedad romana. Escuché atentamente cada cosa que se decían, los insultos, los gritos, los argumentos, los debates, a pesar de lo enérgico que parecía todo era completamente aburrido, a fin de cuentas que podían hacer éstos contra él que de entrada ya no era humano. Sorpresivamente levanté una ceja con las palabras que daba el recién nombrado Emperador, ya todo estaba dicho y un pequeño brillo se mostró en mis ojos, sentada y con una voz suave mostrándose la diferencia con las demás dije: - Es interesante que ud mencione que el Emperador es sólo para el pueblo de Roma, olvida ... poniéndome de pie y caminando hacia la salida: - ... que el Senador Solomon, por lo menos el verdadero murió en el centro médico producto de un ataque sorpresa que destruyó todo a su alrededor, o bien... también deberé recordarle que ud, quien ama a cada uno de los Romanos asesinó sin más ni más, a sangre fría a una pequeña inocente para poder reencarnar, ahora bien, seré yo la única que puede ver que ud no es humano y que una niebla roja siempre lo acompaña o los miembros del Claustro se hacen lo de la vista gorda.

Me detuve para girarme y mirarle por la espalda, retomando: - Es increíble que el nuevo Emperador será el asesino de su propio pueblo u olvida como asesino a esa madre y a su hijo, o dirá que fueron acontecimientos aislados... pero bueno quien soy yo para contradecir su parlamento, como bien dicen: "o estamos en contra o estamos con ud" Haciendo una reverencia mientras finalizaba: - Larga vida al César o debo mejor llamarlo .... DICTADOR!!!!! Reincorporan dome y mostrando la misma actitud inexpresiva desde un principio. Para mi todo aquel circo había terminado, solo esperaba la orden de que me retirara del lugar, aguardando a unos pasos de la salida.
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Mensaje por Ambrose Miér Oct 19, 2011 4:15 pm

- Día 10 -

Finalmente respondía, no tardó en hacerlo pero sus palabras en vez de parecer un argumento para convencernos de que en realidad era un malentendido solo fueron mandatos y órdenes, se había tomado muy en serio eso de ser el nuevo "Emperadorcito".

Me mandó a callar y a sentar, esbocé un bostezo y posteriormente una sonrisa burlándome de él, el tono de mi voz se hizo fuerte y retador, a lo cual le respondí: - Acaso es una petición como Romano o una orden como Emperador? JAJAJAJAJAJAJAJA.... JAJA..... En ese momento un nuevo choque energético se producía dentro de mi, haciéndome dar tres pasos hacia atrás al haber perdido momentáneamente el equilibrio, una voz, un susurro: - Shhhhhhhhhhhhh ya todo pronto acabará jijijijijijijijijijiji Me reincorporé rápidamente, apoyándome en una de las sillas que se encontraban cerca, en ese instante la mujer tomaba la palabra y argumentaba ciertos hechos que desconocía, aunque bien, solo una parte dado que yo estuve presente en el momento del nacimiento del supuesto Solomón. No podía entender la actitud de la mujer, por momento parecía irónica, retadora, burlezca pero siempre indiferente, era bastante extraño pero poco importaba, justo en el momento en que la mujer parecía marchar, yo dí un paso y mi visión se nubló, estiré la mano para detenerla susurrando: - Deten... de pronto sentía que caía de costado y una voz me decía: - Dejámelo a mí... tu tiempo ha expirado HAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHA.... deteniéndose todo en el tiempo y en el espacio, sé que movía mis ojos y podía ver como unos senadores aclamaban a Solomon y otros nos miraban con sumo odio, la mujer se detuvo a unos cuantos pasos de la salida y el General Sokaro de pie, empuñando su arma y el nuevo Emperador retirándose del lugar. Sin más ni más caí y todo se hizo oscuridad.

Un gran destelló se generó en la recepción, muchos gritaban mientras que la luz menguaba las ropas de mi cuerpo caían dejándome completamente desnuda, aquel peluquin gris se evaporizaba, extendí mis manos a ambos lados, moví mi cabeza para agitar mis blancos cabellos, lamí mis labios para humectarlos y chasqueé mis dedos, viniendo a mi, mi amado cetro. Él parecía que se había ido, pero eso no nos separaría, caminé en la dirección de su cosmos, sentía las miradas de todos sobre mí, giré para mirarlos y sonreírles de manera diabólica, justo al lado de la mujer exclamé: - Quítate!!!! Empujándola a un lado y ésta chocando con un mueble y quedando tendida inconsciente en el piso. Un palmazo a la pared de la derecha, lanzando toda la estructura hacia el frente, despejando aquella zona, un palmazo a la pared izquierda derribándola por completo dejando ya todo el frente sin ningún obstáculo y ahí estaba, dándome la espalda, caminando con elegancia, sonreí con malicia mostrando un poco mis dientes, cerré mis ojos y suspiré, estirando de nuevo mi cuerpo dado que sentía como si hubiese estado aprisionada, en tono indiferente repliqué: - Es bueno estar de vuelta .... Golpeé el suelo con el tridente y expresé: - Acaso este es el recibimiento que me piensas dar Solomón, o debo llamarte Esposo mio HAHAHAHAHAHHAHAHAHAHAHAHAHAHAHHAAHA

Me giré para volver al sitio donde tomé posesión del cuerpo, para tomar aquella vieja túnica y cubrir mi cuerpo. Justo en el momento en el que lo tomaba esbocé: - Tú! dirigiéndome a el General Sokaro: - ... Si algo te importa aquella mujer será mejor que la alejes de ahí, esa estructura está a punto de aplastarla... Terminándome de ajustar aquella tela a mi cuerpo. Me giré para ver a los senadores, hice una reverencia y pregunté: - Qué celebramos aquí? cuando de pronto uno de los senadores gritó y los demás lo acompañaron:

¡Bruja!

¡Fuera de Roma!

¡Emperador Salve a su Pueblo!

Comencé a reír al escuchar la sarta de idioteces que salían de sus bocas, sosteniendo mi tridente y levantando las manos como si estuviese confundida expresé: - HAHAHAHAAAAHAHAHAHAHAHAHAHAHA esto debe ser bastante inusual no Solomon.... Emperador de los Océanos y de los mares y ahora Emperador de los hombres.... debo felicitarte esposo mio, has logrado lo que ningún Dios ha conseguido ... volviendo mi mirada hacía los humanos y mostrando completa malicia: - ...Postrar a la humanidad a tus pies .... Bravo ... Bravo HAHAHAHAHAHAHAHHAHAHAHA Aplaudiendo mientras caminaba nuevamente en su dirección, de pronto los murmullos no se hicieron esperar:

¿Emperador de los Mares?

¿Dios?


Me giré una vez más, asumiendo una actitud de sorprendida, llevando mi mano libre a mis labios dije: - Acaso no lo sabían, a ese quien veneran... señalando a Solomon - es un Dios, a ver a ver .... en la era pasada lo llamaban Poseidón, creo que ahora le dicen Neptuno. Uno de los senadores cayó del asombro mientras los otros palidecían con mis palabras. De nuevo los gritos y los susurros:

¡Mientes!

¡Bruja!

¡Estás aliada con los retractores!


- HAHAHAHAHAHAAAHAHAHAHAAHHAHAHAA Saben? son realmente patéticos, al fin y al cabo son insignificantes por algo son humanos .... mirando en dirección al Emperador repliqué: - Quitate la máscara Solomón muestrales de que hablo... cambiando el tono de mi voz a uno retador: - ....O tengo que hacerlo yo?

Momento en que comencé a dar vueltas en mi propio eje, esperando respuesta o una acción de su parte mientras entonaba:


No tardó en que del cielo comenzaron a caer uno a uno, luego incrementando la cantidad, pétalo azules. Los senadores abrían sus manos para recibir aquellos tesoros, sorprendidos y abrumados ante tal evento, yo sonreía feliz de vez como aquella lluvia de pétalos se incrementaban para ir cayendo de tanto en tanto rosas azules con sus hermosos tallos. Los pétalos acumulados en el suelo parecían un mar de intenso azul, con mis movimientos alrededor mio se creaba un torbellino que nadie osadía a traspasarlo. Podía ver el cielo, el cielo del Palacio, el cielo de Roma, todo cubierto por esa hermosa lluvia.

Terminé mi canto, agitada y con la respiración sumamente alterada expelé: - Qué tanto nos quieres hacer esperar.... Solomón mejor te llamo Emperador HAHAHAHAHAHAHAHAHHA riendo al final regocijándome de placer.
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Mensaje por Sokaro Miér Oct 19, 2011 4:37 pm

Curioso, realmente el humano que despedía la energía del Emperador de los Mares era en lugar de un dios, un marica cobarde. Bueno, no podía esperar demasiado si alguien se ocupaba de abordar el cuerpo de un Senador Romano, de esos que tan solo sabían hablar sin hacer nada provechoso con sus ridículas vidas. Llevando su arma a su espalda y teniendo los brazos flexionados debido a la harta decepción que se había llevado, el General notó como a su lado el cuerpo de “Klaudius” se distorsionaba para en un abrir y cerrar de ojos revelarse en la figura de una mujer desnuda a la que reconoció sin demasiado esfuerzo gracias a la misma influencia de Lymnades…era la infame esposa de Poseidón, Anfitrite quien cabía destacar, no estaba demasiado feliz.

Observando como la pared más próxima era derribada por acción de la ahora peliblanca, Sokaro cortó una viga que se acercaba a su persona con su arma, salvando a la romana que había pronunciado “Dictador” así como a su persona. Levantando ambas cejas tan solo desestimó la indicación de la diosa…realmente, ¿Creía que una extraña le importaba? No demasiado, pero tampoco iba a dejar que le complicaran más la existencia con el barrido y la limpieza de ese lugar. Ya bastante trabajo tenía encima.

Ahora...¿una canción? Murmuró el General con un tono de incredulidad en su voz. Sí, le parecía extraño que se pusiera a cantar para llamar la atención del “salvador” y más extraño fue lo que pasó después: una lluvia de rosas azules. Que excentricidad. Se dijo sabiendo que si esa frase salía de su boca, la otra debía estar loca o simplemente, su actuar era enormemente particular. En todo caso, por ahora tan solo esperaría a ver que más se les ocurría a tan peculiar dúo.
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Mensaje por Priscos Jue Oct 20, 2011 10:54 pm

Por fin había llegado priscos hasta la bella ciudad de roma, donde desde ahora en adelante se convertiría en su hogar, gracias a la influencia que sus padres tenían habían logrado conseguirle un puesto como consejero en ese lugar, y como primera misión tenía que darse a conocer aunque no le gustara mucho la presencia de otras personas, o por lo menos presentarse ante las personas importantes de ese lugar y así ganar amistades que en un futuro podrían ayudarlo, así que decidió entrar en el palacio, los centuriones que cuidaban la entrada dudaron durante unos instantes si lo dejaban entrar pero cedieron gracias a los audaces comentarios de Priscos. Las enormes puertas se abrieron de par en par para dar paso a una hermosa edificación, cuyo similar solo había visto en las Ciudades de Atenas y Ítaca, lo primero que Priscos vio fue a dos personajes que parecían del senado discutiendo sobre un tema de índole filosófico Platonico.
— Revivir, si hay un regreso de la muerte a la vida-, dijo uno de ellos,- consiste en verificar este regreso. Por lo tanto, estamos de acuerdo en que los vivos no nacen menos de los muertos, que los muertos de los vivos; prueba incontestable de que las almas de los muertos existen en alguna parte de donde vuelven a la vida.- complemento el senador 1, a lo que contesto el senador dos,
— Me parece, que lo que dices es una consecuencia necesaria de los principios en que hemos convenido. – y el senador 1 respondió: — Me parece, Cebes, que no sin razón nos hemos puesto de acuerdo sobre este punto. Examínalo por ti mismo. Si todas estas contrarias no se engendrasen recíprocamente, girando, por decirlo así, en un círculo; y si no hubiese más que una producción directa de lo uno por lo otro, sin ningún regreso de este último al primer contrario que le ha producido, ya comprendes que en este caso todas las cosas tendrían la misma figura, aparecerían de una misma forma, y toda producción cesaría.-
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Mensaje por Solomon Vie Oct 21, 2011 12:31 pm

Solomon-Dialogo
Solomon-Pensamientos
Personajes-Extra
Anfitrite
Sierva

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Su sonrisa apenas se podría divisar por los más atentos centuriones a su diestra y siniestra, sin dudas aquel hombre yacía satisfecho y seguro de su victoria. Por lejos él era mejor al senadorsucho de Solomon...así los hechos lo comprobaban. Siendo así, el alma de aquel sujeto sólo debía permanecer en el sueño eterno del Mukai.

Agthhh...

Latidos fuertes volvían a cruzarle el pecho, tan punzantes que no pudo evitar exhalar con fuerza, pero debía seguir...continuar directo al interior de su fortaleza, el corazón de su proyecto...no...no...estando tan cerca...jamás renunciaría. Exteriormente permanecía calmado, apenas molesto, sin embargo...su humanidad se veía desaparecer, no se trataba de su físico, sino de su alma. Se volvía fría, inclemente, carente de emociones tal como el arma que era en realidad. Los centuriones lo sentían haciéndoles titubear en su andar, carecían del conocimiento de que causaba su malestar anímico así que trataban de proseguir con su marcha.

Pero...porque...

Aquel cambio no era voluntad de Solomon. Algo lo causaba. Rechinaba sus dientes ante cada latido oído de los corazones de sus soldados, era miedo la reacción de aquellos que yacen junto a él. Pese a esto...Solomon, el emperador continuaba, estaba muy cerca...

Larga vida al César o debo mejor llamarlo.... DICTADOR!!!!!

Su pie derecho se detuvo en aquel instante. Pero lejos de ser la causa aquellas palabras de la resucitada enfermera del consultorio la presencia del hombre que poco antes se había presentado como Klaudius se sentía más fuerte que nunca.

Tú.

Un destello inmediatamente parecía querer traspasar la pared que separaba sus ojos del mundo. Gritos y correteos no se hicieron esperar. Sus ropajes revoloteaban con cierto misticismo mientras su faz a diferencia de todos no mostraba más que calma y frialdad. Tal como lo había supuesto...su cambio sólo significaría la presencia de aquella...rata.

Su cabellera castaña se movía exageradamente ante la presión ejercida sobre los muros a sus lados. Se escuchaba como eran arrancados desde sus cimientos para ser expulsados contra el fondo del recibidor. Todo crujía...el desplome de las paredes de seguro había elevado una gran cantidad de polvo para finalizar con una lluvia de escombros, los cuales chocaban contra el cuerpo del flamante emperador quien permanecía con respecto al resto tranquilo.

Maldita sea!

Giro finalmente para hallarse con una figura oscura, fuente de aquella voragine de luz. Todo era tan vivido, como si sus ojos fueran los receptores de lo que ocurría.

Acaso este es el recibimiento que me piensas dar Solomón, o debo llamarte Esposo mío HAHAHAHAHAHHAHAHAHAHAHAHAHAHAHHAAHA

Aquella voz le sacaba de quicio. Rechinaba los dientes con mayor fuerza mientras la luz cesaba de brindarle la imagen de su cuerpo. Su calma desaparecía dejando en lugar absoluta furia. Sus dedos se aferraban entre sí. Los latidos de su corazón proseguían en su ritmo acelerado, pero aquello no le producía dolor...sólo asco.

La mujer. No, aquello sería darle mucha importancia...la basura divina poseía un poder mayor al que presencio en el pasaje secreto de palacio. Su presencia sola hacía tambalear las cuantas columnas que aun sostenían el techo de recepción. Todo ornamento o detalle imperial ya habría sido eliminado al momento del desborde de energía.

Maldición. Maldición. Mierda. Maldición. Basura. Mierda. Te matare...te matare.

¡Bruja!

¡Fuera de Roma!

¡Emperador Salve a su Pueblo!


Ni el bullicio del pueblo llagaba a oídos de Solomon, él estaba fascinado por la presencia de aquel demonio, infinitamente más peligroso que cualquier berserker. Le irritaba su existencia...más al oír como le volvía a llamar como aquel dios marino de la antigua Grecia. Simplemente aquello le había torturado desde el inicio de su segunda vida. La rabia que le inspiraba le hacía perder la concentración...inclusive la magia aplicada a los senadores y personajes ilustres la noche anterior se desvanecía.

HAHAHAHAHAHAAAHAHAHAHAAHHAHAHAA Saben? son realmente patéticos, al fin y al cabo son insignificantes por algo son humanos ...Quítate la máscara Solomón muéstrales de que hablo...O tengo que hacerlo yo?

¿Que demonios le había traído hacía acá?...¿Sólo el gusto de ver arruinado mi destino?...Su mente pronto le llevo a la de aquel personaje repugnante...el general Sokaro!. Sus gestos se volvían irreconocibles, como si un deseo de asesinato le cubriese el rostro. En efecto, aquel hombre con medio cuerpo al desnudo debía ser el guardián de aquella diosa. Maldito sea!

Con las cosas cuadradas sólo quedaría detenerla...cuando de pronto algo rozaba su mano izquierda. Era suave, aterciopelado, cálido y lleno de una energía fuera de este mundo.

No. No puede ser...

Un sorbo rápido de saliva le volvía a dar un aspecto más ligado al humano que al de un arma. Recuerdos llegaban a su cerebro, el cual ante una incesante cantidad de información parecía querer explotarle. Sueños. Visiones. Muerte. Vida. Isla. Rosas. Más allá de la muerte.

Su instinto se disparo de inmediato. Su cuerpo inmóvil de pronto adquiero libertad de movimiento como si una gigantesca de electricidad lo agitase. El sol de aquel día era oscurecido rápidamente por nubes rojas, las cuales parecían también danzar al ritmo de la aun bailarina Anfitrite.

Largo!!!

Grito con aun mayor fuerza, tanta que lograba romper los el ruido producido por el remolino que producía Anfitrite y llegar a todos los romanos. El pueblo parecía retirarse pero los ilustres que se hallaban cercanos no. Estaban embelesados por la hipnotizante danza de muerte. Solomon gruño...sabía que una sonrisa de placer nacería de la diosa al ver su enfado.

Tú!...enviada por los dioses...no pensaras que me rendiré así de fácil.

Enfatizando aquello último postro ambas manos en dirección contraria al de ella. Rápidamente aquella masa de carmesí oscuro bajaba del cielo para ocupar todo palacio y alrededores haciendo de la visibilidad nula para los humanos. Pero no sería suficiente para detenerla, sus ojos místicos serán la clave, pero ya alguna vez habían fallado y aun cuando los usara mataría a todos volviéndoles cristal.

Demonios...

Su incertidumbre no se basaba en la vida de quienes le rodeaban, sino por su conflicto de intereses. Si usaba su poder acabaría con la nobleza romana pero tendría posibilidad de acabar con el mayor de sus peligros; lo contrario sería salvarles dejando a sus anchas a Anfitrite...lo cual de hecho acabaría con sus planes de guerra contra los dioses.

Demonios...!

Estaba en una encrucijada entre sus deseos como mortal. Roma o los dioses. La vida o la justicia. El presente o el futuro. Debía tomar una decisión pues la espesa niebla era repelida más y más por los vientos de la diosa marina. No habrías mucho tiempo. En aquel vía crucis...se detuvo...



Tu plan es perfecto. Noto que te has hecho más fuerte. Pero cometiste un grave error...pensar en que este cuerpo no se hace más fuerte también.

Con aquella sentencia Solomon alzo su diestra haciendo de aquellas nubes aun más densas. Con un salto de dos metros hacía atrás Solomon retiro con su mano libre la careta de hierro... sus ojos cerrados rápidamente abrieron dejando que dorados brillos escapen para cubrir como un esfera todo a un perímetro de 100 metros a la redonda.

Corran. Largo de Aquí...!

Con el dolor de cabeza a punto de hacerle perder la conciencia lograba impartir una orden hacía todos. Eran sus ojos dorados los que Anfitrite no había contado, estos que no matan, sólo ordenan y encantan. Seguidamente movía sus dedos en dirección de todo latido que percibía expulsándoles lo más lejos posible tomando la niebla roja como una extensión de sus propio cuerpo.

En el exterior de aquel mar de rojo pasión se podía observar como algunos pétalos azules, ventarrones y formas grotescas de carmesí iban sacando a todo poblador que rápidamente era atendido por sus pares. Ellos, los salvados yacían inconscientes en su mayoría o en estado de shock, encantados por los pétalos azules o las ordenes que Solomon había implantado en sus mentes.

En el interior sólo quedaba un hombre quien extenuado dejaba caer sus pies con cierto desplome. Pero no era aun tiempo para eso. Tal como lo esperaba, sus ojos dorados también eran afectados por la presencia de aquel ser, desaparecían dejando un color similar a mostaza u oro nativo en sus iris. Sin embargo, ya no los necesitaba.

Con la mirada incendiada en llamas movía sus brazos con avidez para coger la primera espada que hallase en el piso. Con rápidos giros la fuerza del arma se veía incremente exponencialmente por la niebla roja que al parecer adquiría su misma forma alrededor suyo. Era más la sombra de la espada que adquiría gran velocidad, como aire comprimido que hacía de Solomon un guerrero con mayores habilidades que los denominados berserker. El viento negro que tomaba la forma de una gigantesca espada cortaba de un solo tajo cada columna que sustentaba el techo de la recepción. Como era la intención, el techo completo caía de forma conjunta a los pilares.

Solomon retrocedía a un metro del desplome viendo como los vientos que la propia Anfitrite había propiciado hacían que todo el cuerpo macizo se arremolinara dejando caer su mayor peso en el origen de aquellos vientos huracanados, es decir, donde ella se hallaba.

Una increíble cantidad polvo se levantaba mientras las nubes rojas desaparecían excepcionalmente rápido dejando el aire puro de roma en su lugar. El sol iluminaba las colinas una vez más donde a la gente la oportunidad de irse acercando, cosa que hacían al notar que el peligro había cesado.

Allí cubierto de gris, como en tiempos pasados, yacía Solomon con ambas rodillas en el suelo jadeando y viendo al suelo. Los soldados que habían permanecido vigilantes en los alrededores de palacio fueron los primeros en acercarse pasando antes por medio de los aun inconscientes senadores, personajes ilustres y soldados de mayor rango.

Cuidadosamente iban acercándose al hombre de gris, temerosos de que en cualquier momento...

Sus cuerpos se sacudieron al verlo moverse, dejando que sus ojos chocasen con los suyos. Pero nada, no sucedía nada extraordinario a sus cuerpos o a sus mentes. Las palabras de la bruja debían ser mentidas, lo único extraño en ese hombre eran sus iris mostazas, nada más.

Emperador...se encuentra bien...logro acabar con la amenaza usted solo...

Ya más confiados comenzaban a poner prisa por ayudar al emperador quien yacía jadeante y tembloroso. Pero sus buenas intenciones eran cortadas por las palabras frías de Solomon.

No te acerques. Aun no se ha terminado con el peligro.

Solomon lo sabía bien. Sus ojos no habían recuperado su habilidad, lo cual significaba el daño a Anfitrite había sido menos que nada. Pero se hallaba exhausto, no podía proseguir aunque quisiera, no por falta de poder sino por la insaciable sed que parecía consumirle al usar de forma tan peligrosa sus ojos de oro. Tener cerca a alguien con vida no le era conveniente, podía incluso percibir como la sangre corría por el cuello de aquellos soldados.



------------------------------

Off:

Primero: Anfitrite/Ambrose es libre de decir que no se quedo parada donde Solomon estimo que estaría. Sólo aclaro.xD

Segundo: Sokaro y el otro pj de Doris (xD) son libres de decir que no sufrieron algún efecto de los ojos místicos de Solomon.

Tercero: Priscos, favor de leer los post anteriores, que tu post esta fuera de contexto.

Cuarto: cualquier duda o queja (puesto q no los encontré por msn a tiempo) me avisan
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Mensaje por Sokaro Vie Oct 21, 2011 8:47 pm

Y sin esperar la respuesta del “Salvador de Roma” se hizo presente en la forma de la destrucción total de las reformas que durante tres semanas el General y su Legión habían llevado a cabo. Era molesto, demasiado molesto. Todo el trabajo que habían puesto para semejante labor y ahora el niñito mimado lo había arruinado por una mera pataleta. Frunciendo el ceño y tomando por el torso a la mujer de cabello negro con su brazo libre, el General movió su característica arma a su alrededor para causar una presión de aire que los cubrió de todo daño…hasta que notó a la otra, la mujer de cabellos blancos que aún emanando ese poder se hallaba vulnerable, como si no estuviera al máximo de su capacidad.

Ridículo, realmente. Murmuró el militar moviéndose a una velocidad sin par para colocarse frente a Anfitrite y dejar que encima de ellos se terminara desplomando el techo y el piso superior. Rocas, vigas de madera e incontables pedazos de metal que actuaban como refuerzo se les tiraron encima para al parecer enterrarlos vivos.

Al menos un lapso de un minuto transcurrió, en el que la “paz” comenzaba a sementarse con varios soldados acercándose a “Solomon” para preguntarle por su condición…y de forma sabia, el rubio sabía que todo no hacía sino comenzar. Con un sonido fuerte que atravesó el aire la rocas que se presumía era la tumba de Anfitrite se trizaron para finalmente convertirse en una nube de polvo finísimo, del cual podía oírse un sonido de rasgado bastante particular.

Esa no es la forma de tratar a su esposa, señor de los mares. Dijo la voz del General de la Décimo Séptima Legión mientras que una cuchilla dorada se veía por entre todo el desastre, girando poco a poco para súbitamente aumentar su velocidad y dispersar todo el desastre: la figura intacta de Sokaro, Anfitrite y la otra mujer se dejaron ver. El intento del sujeto había sido en vano por una mera táctica que al jefe militar no le costó emplear en lo más mínimo. Aunque debería llamarlo de otra forma, ¿no? A ver…decida: ¿Mesias? ¿Salvador? ¿O gusanito? Propuso el mayor con sorna, esbozando una sonrisa siniestra en su rostro un tanto demacrado. Ah si, deberías salir de aquí inmediatamente. Al parecer habrá más movimiento. Le indicó a la mujer de cabello negro, sin ánimos de repetir la advertencia nuevamente. Si la había salvado había sido por mero reflejo y porque había mostrado tener coraje al hablarle tan altaneramente a un ser que con un deseo bien podía volverla polvo. Dejando caer su brazo un tanto, el General no dejó de girar su arma. No sabía si el rubio intentaría algo de nueva cuenta y mejor era prevenir.
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Mensaje por Penélope Vie Oct 21, 2011 9:50 pm

Estaba de pie, a unos pasos de la salida ya el nuevo Emperador había salido de la sala, cuando de pronto una extraña luz proveniente del sujeto que me había ingresado a la reunión me cegó por completo, de pronto del cuerpo de aquel hombre salía una mujer completamente desnuda y de cabellos blancos, caminando en mi dirección pero hablando con aquel senador ahora nombrado Emperador.

Permanecí indiferente mirando cada una de las acciones de la recién aparecida, justo en el momento en que pasó por mi lado me empujó haciéndome colapsar con un mueble perdiendo el conocimiento.

---------------------------

No sé cuanto tiempo había pasado, pero ahora me encontraba "cargada" por el General, sacudí un poco mi cabeza sacándome el mareo que tenía, eché un vistazo al escenario que tenia en frente y era una completa destrucción, escombros, polvos, trozos de madera y de metal era lo que ante mis ojos había.

Buscando alguna explicación, no... intentando descifrar el curso de los acontecimiento escuché como el General Sokaro me decía que saliera de allí, dado que las cosas se pondrían más turbias. De pie y limpiando mi vestido pronuncié: - Gracias por salvarme... girándome y pasando por encima de los escombros y demás objetos destruidos, y estando en la salida dije: - Fue un gusto trabajar para ud General Sokaro .... ya nos veremos nuevamente las caras Alejándome de allí, iniciando mi camino para encontrarlo, murmurando en el camino: - Mi tiempo en el Palacio ha terminado.
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Mensaje por Ambrose Sáb Oct 22, 2011 2:41 pm

Todo transcurrió en cámara lenta, en el momento en que Solomón se quitaba la máscara sonreí porque una vez vería sus ojos, sus hermosos ojos azules que épocas pasadas cautivaron mi alma, pero no, ese no era mi Solomón, era otro ser ; invocando el poder que llevaba en su interior convocó una gran niebla negra que chocaba con mi torbellino azul, una espada negra que fragmentaba todo a su paso, sus intenciones sepultarnos vivos bajo una montaña de escombros. En el momento en que todo se venía abajo abriendo delicadamente mi mano izquierda atrapé una hermosa rosa azul, cerré mis ojos y lágrimas salieron de éstos.


Volviendo al correr del tiempo normal, la planta superior junto con el techo se vinieron abajo, supuestamente cubriéndonos por completo, no me preocupaba mucho el tema dado que en ese momento Lynmades se encargo del pequeño percance, mientras él lo hacía yo ensimismada jugaba con la rosa, sacándole uno a uno sus pétalos susurrando:

- Me quiere…

- No me quiere…

- Me quiere…

- No me quiere…


Con el pasar el tiempo el tintineo de aquellas frases se hacía más continuo y más rápido: - Me quiere… No me quiere… Me quiere… No me quiere… Me quiere… No me quiere!!!

Abrí mis ojos en el momento en que dejaba caer el tallo de la rosa justo con un pétalo incrustado en él, invocando a mi espada Caladbolg cortando el resto de material que aún seguía cayendo sobre nosotros, Lynmades permaneció a mi lado expectante mientras que los pétalos azules emergían del suelo, colándose por las fisuras y grietas que se formaban entre los escombros, cubriendo una vez más el piso de un hermoso azul, a una velocidad sorprendente aparecí detrás de los senadores que se encontraban paralizados, clavando mi espada en el suelo y tomando su cabeza y hombro, exponiendo el lado izquierdo de su cuello, lo mordí chupándole la sangre, se escuchaba los gritos de dolor del hombre y como en medio de sus precarias fuerzas quería deshacerse de mi aprensión.

Su cuerpo ya no se movía, su lado izquierdo al igual que mi boca y vestidos completamente bañados en sangre lo solté, reí como endemoniada en el momento en que me dirigía a Solomon: - HAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHA … lo recuerdas… Alguna vez tuviste así tu renacer Poseidón o mejor lo llamo: Emperador!

Mis ojos completamente rojos, inyectados en sangre y lamiéndome los labios, chupando los restos de sangre que me quedaban alrededor de mi boca, en ese momento los pétalos del suelo se tornaron negros y esbocé: - Muy bien Emperador, Ud. Lo ha pedido… Observe muy bien lo que el destino, el mismo del que le hablé unos días atrás le tiene preparado a Ud. Mi Emperador… haciendo una reverencia y sonriendo en el momento en que le dedicaba mi mirada.

En el pecho de todos los que fueron afectados por la lluvia de los pétalos azules aparecían unas hermosas rosas negras, irguiéndome y con absoluta soberbia dije en tono fuerte: - Qué manera de subestimar el poder de los demás… Sr. Emperador … ahora veamos que piensa hacer HAHAHAHAHAHHAHAHAHAHAHAHAHA

Entre los soldados que preocupados por el estado de su nuevo Emperador, la mitad con sus cabezas gachas se les mostraba dicha rosa en el pecho, del mismo modo que alguno de los senadores que se encontraban detrás de mí. La situación se replicaba de igual forma por toda Roma, dado que la capital fue bañada por aquellos pétalos. Con mi tridente corté la palma de mi mano izquierda, la sangre brotaba más no caía, al contrario parecía levitar, deformándose y moviéndose como si tuviese vida propia, en un pestañeo cerré y abrí la mano, y la esfera de sangre había desaparecido, sin decir nada señalé el cielo con mi dedo índice y ahí estaba, sonreí al ver las caritas de los que no habían sido afectados por los pétalos moverse lentamente para mirar lo que yo tanto señalaba con el dedo, cuando de pronto la esfera explotó y sus millonésimas pequeñas gotas se distribuían por toda la capital cayendo directamente en el centro de las rosas renacidas de los pechos de quienes las poseían, al instante del contacto, mis súbditos levantaban sus armas o alguna herramienta que pudieran usar como tal amenazando la vida de aquellos que sus inocentes y no tan puros ojos seguían mirando hacia el cielo.

- Ahora que hará Emperador… y no se moleste en salvarlos, solo hay una manera de lo contrario miré lo que pasa si intenta arrancar la rosa de sus pechos… Girándome y de golpe sacándole la rosa que tenía uno de los senadores y éste desplomándose sin vida contra el suelo.

Viendo al Emperador aún de rodillas, agitado y casi sin fuerzas comencé a cantar, balanceando de un lado a otro como si fuese un títere al cual le movían sin sentido las cuerdas, de pronto en toda Roma se escucharon los estruendos, la tierra temblaba con el emerger de los 7 pilares marinos, ubicándose cada uno estratégicamente por toda la periferia de Roma. El cielo se nubló por completo, pasando de un azul celeste a un gris oscuro.

Me detuve con una expresión de locura y placer en mi rostro y susurré: - Puertas de la Atlántida. Justo en el momento en que les indicaba a todos los que me miraban que hicieran silencio y escucharan. Súbitamente como si se tratase de un coro de ángeles se escuchaba un hermoso canto en el ambiente, no muy lejos de ahí lo que parecía ser un antiguo patio en el palacio dado que todo se encontraba en ruinas, emergía del suelo una gran puerta, estando entre dos de los pilares que ya se encontraban completamente erguidos.

Puertas de la Atlántida:Recepción de Palacio - Página 4 Door

Finalmente todo estaba puesto en escena, la gran puerta estaba allí ante los ojos de todos los presentes y del Emperador mismo, los que estaban bajo mí poder apretaron más sus armas contra aquellos que les eran una amenaza. Por un instante el silencio se hizo presente cuando lentamente y poco a poco las puertas se fueron abriendo y el cántico angelical se hacía más notorio y más profundo; las grandes puertas al irse abriendo dejaban salir grandes cantidades de agua que bañaban el suelo maldito de Roma que al mezclarse con los pétalos negros éstas se tornaban oscuras, riendo con cierta sutileza y como danzando hice una reverencia al ver la gran puerta, inclinada y con tono siniestro expresé: - Es fácil Emperador … La Atlántida nos espera… solo debe elegir: Ud o toda Roma… tocando superficialmente las aguas con mi tridente y en ellas se reflejaban las millones de caras de todos los romanos que se encontraban en la misma situación que los soldados y senadores aquí en Palacio. Levantándome lentamente mientras esbozaba: - … Atlántida o Roma, cualquiera de las dos opciones, me sirve En el momento en que la puerta de par en par dejaba ver las puntas de un sinfín de cadenas y sonriendo con extrema malicia mientras caminaba en dirección a la puerta, para finalmente ubicarme justo en el centro, disfrutaba ver la belleza de mis actos.

Levanté mis manos mostrando una actitud de desconcierto en el instante en que replicaba: - Tic Tac… Tic Tac Emperador… El tiempo corre y sus vidas se acortan!!! Volviendo a sonreír y mirándolo fijanmente a los ojos.
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Mensaje por Solomon Lun Oct 24, 2011 10:49 am

Emperador Solomon
Comunidad

--------------------------------------------------------------

No terminaba de desaparecer el polvo cuando un abrupto ruido llamaba la atención de todos los presentes siendo Solomon el único calmado, sus ojos apenas marcaban la aflicción con la cual cargaba. Con una combinación de frustración e ira apaciguada lograba distinguir a la mujer de cabellera blanca con un par de personajes escoltándola.

El pueblo y la milicia de menor rango, los únicos con todos los sentidos intactos palidecían del horror al constatar la traición de uno de los suyos, aquel general que había osado levantar opinión contra su ahora emperador había defendido a la bruja demoniaca.

Finalmente las ratas salieron de su madriguera...

Musito pausadamente y con la claridad suficiente para que el par de tenientes próximos a él le lograran oír. Ellos podían distinguir como su héroe y soberano yacía rendido sobre los escombros, ciertamente las cosas se presentaban de color de hormiga. Ambos se veían las caras y el de sus conciudadanos atrás, divisaban el miedo en cada hombre, mujer y niño; un sentimiento de angustia al sentirse prisioneros entre paredes invisibles incapaces de sobrepasar. El silencio de su líder sólo significaba el anuncio de la muerte para cada uno allí presente. Sin embargo, eran gente humilde y colaboradora, guardianes del verdadero corazón del imperio, tanto así que incluso seguían intentando infructuosamente de sacar de su estado de shock a los vecinos notables y generales de alto rango. En efecto, parecía ser que la situación de rangos se había volcado 180 grados, siendo ahora los ricos dependientes de los pobres.

El emperador no volteaba siquiera para darles esperanza o siquiera comentarios de alivio para el más allá. Este mutis sólo era interrumpido por las palabras de la endemoniada y sus compinches. Ahora no cabía dudas, Solomon siempre había tenido la razón. Aquella era la verdad que intentaba comunicarles, ahora lo comenzaban a entender.

Señor...

Una temblorosa voz juvenil atravesaba la hermética mente del emperador quien de reojo le veía.

Por favor hable...¿tenemos esperanzas?...tal vez si nos retiramos.

Imposible. Aquel demonio acabará con todo.

Aclaro con suma frialdad su soberano, lo resuelto de sus palabras sólo daban más incertidumbre al joven de apenas 18 años, quien sólo percibía algo de paz al saber que su mujer e hija yacían en el otro lado de Roma...estarían a salvo. Al menos eso creía él.

Pero aquella tristeza de saber de antemano el final de sus días llegaría pronto a todos. Anfitrite lo anunciaba con una muestra de sádico salvajismo. Con una velocidad antinatural había llegado a espaldas de Solomon quien pesé a distinguirla carecía de la energía para moverse. Pronto llantos se lograban oír de todas partes, al momento de dirigir su vista al punto en el que debía estar ella se encontró con sangre, solamente sangre y más sangre, aquel místico líquido similar al néctar de los dioses. Solomon apenas podía permanecer viendo el festín que se brindaba aquella vampiresa que secaba cada célula viva de uno de los viejos miembros del senado que ante el dolor salía de su shock. Únicamente breves segundos de conciencia para acabar nuevamente en la oscuridad de la muerte. La gente intentaba huir dejando a los aun inconscientes nobles a su suerte.

Señor...

Volvió a musitar el joven teniente, su cuerpo yacía paralizado por el terror de ver como se desmembraba a otro ser humano. Canibalismo, aquel era un pecado que ni el época romana se admitía. A pesar del truculento espectáculo Solomon permanecía con la mirada perdida, resistiendo como pudiese el apetito que parecía querer carcomerle desde adentro. Lo resistía, no por el bien de ellos, por supuesto que no...lo hacía por odio...odio de saber que aquella diosa lo uso vilmente para ver satisfechos sus deseos, así lo comprobaba al saber que ella ya le había conocido en una vida anterior. Saber que aquella bestia había hecho lo mismo con él sencillamente le repugnaba, ahora entendía el porque sus poderes desaparecían ante ella, guardaba una conexión llena de pecado desde la era del mito.

Ella desde siempre lo había sabido, incluso disfrutaba verle en tal estado. Si alguna le había dedicado su vida, ahora sólo buscaría la mejor forma de darle muerte en vida. Tal aquel era el destino que yacía marcado en cada rosa azul que comenzaba a caer nuevamente sobre todos. Las imágenes de una vida que era la suya se iban repitiendo en su cabeza sin parar ¿Acaso era intencional...volverle loco?. Una isla, un hombre idéntico a él despertando de un cómodo sueño, la visita de guerreros vestidos de azul, una reina de cabellera azulada, la corta vida como humano, el corto lapso de la muerte, el renacimiento de un dios. Todo aquello le martirizaba, chancaba con fuerza sus puños contra el pavimento pigmentando paulatinamente el polvo gris de un rojo escarlata.

Emperador...

Mi señor...


En eso un zumbido similar al de las abejas cruzó por sus oídos, levantando aquellos ojos amarillentos distinguió como delicadas rosas negras yacían incrustadas en el pecho de los jóvenes que habían intentado auxiliarle, pero no eran sólo ellos. Con un rápido vistazo podría asegurar que la mitad de los presentes tenían la misma flor adornándoles el cuerpo. Una rosa negra...la sentencia de muerte. Solomon podía presentir que aquello significaba...exacto. Anfitrite se anticipaba a lo que su instinto ya le estaba gritando. Una esfera de sangre explotaba antes que siquiera lograra pensar alguna acción en contra de aquella magia divina. De inmediato aquellos que habían sido marcados se irguieron levanto consigo cualquier arma, su mirada perdida reflejaba que sus mentes habían sido vaciadas, un efecto similar en naturaleza a sus ojos dorados aunque intensamente más agresivos. Sus ahora llamados "súbditos" arremetían contra sus pares, amenazándoles con acabar con sus vidas...en aquel instante Solomon yacía errante al sentir como Roma, su ciudad acabaría por su propia mano.

La amenaza de Anfitrite daba a elegir dos únicas opciones, claramente ambas consistían en un engaño. Pero qué oportunidad le quedaba a él. Como llegando al final de su vía crucis, puertas sacrílegas se elevaron del suelo con inscripciones incomprensibles talladas en cada rincón. Un pasaje a la Atlántida, o esa era la información que salía de sus labios endemoniados. En verdad ella lo disfrutaba, tanto que su gesto carecía de toda humanidad. No se podría llamar a aquella un dios, sólo era una bestia digna del mismísimo tártaro.

Simulando el sonido de las manecillas avanzando intentaba presionarle, haciéndolo una y otra vez. Solomon permanecía silencioso, si siquiera la furia de saberse impotente se percibía alrededor suyo, con suma frialdad divisaba la cantidad de cadenas que aparecían arrastrándose desde el interior de las puertas, parecían llamarle. Pero él en vez de responder opto por bajar la vista al suelo, justo allí se hallaba un pétalo de rosa azul.

Tomándola con cuidado con ambas manos parecía ensimismado. Tal vez la ira ya le había vuelto loco. Su semblante carecía de todo sentimiento, sus ojos quedaban prendidos del precioso azul. Ni su dolor de cabeza, ni su sed le arrebatarían aquel extraño sentimiento de paz. Luego de un rato en que el constante tic tac tic tac había aumentado de tono elevo su rostro para ver el panorama. El cielo yacía azul, ni una sola nube de sangre al parecer sería convocada para salvarle; el sol, aquel astro resplandecía como si fuera un día rutinario, ciertamente a él le había causado más de una molestia pero ahora, en aquel instante, sólo le causaba decepción; las plantas que habitaban los campos colindantes parecían indiferentes a lo que sucedería. Ciertamente todo le causaba hastío: Aquellos dioses…Apolo del sol, Zeus del cielo y Demeter de los campos no harían absolutamente nada para salvar a los humanos. Ni aun en tan difícil predicamento se compadecerían en levantar siquiera un dedo. Por eso les odiaba, por ser tan egoístas y arrogantes.

Pero aquello sólo le daría fuerzas, su resolución estaba más que clara. Se elevaba calmadamente resistiendo como pudiese el descontrolado frenesí que su sangre anhelaba. El viento hacía remecer el suelo levantando consigo cortas ráfagas de polvo que finalmente dejaban levitando los delicados pétalos de azul eterno, ellos paseaban entre sus vestiduras como si gritasen para llamar la atención del hombre que hacía una vez las creo y domino. Pero el actual Solomon les era indiferente, ni siquiera podía oírles. De sus manos caía un objeto extraño en aquel fondo azulado, un punto rojo…aquel pétalo azul pigmentado con el color de su propia sangre.

Con ambos ojos fijados en los de aquella bestia se decidia a mostrar la misma actitud indiferente tal como aquel encuentro en el pasaje secreto de palacio. Mientras avanzaba un silencio misterioso se hacía presente, ocurriendo antes que comenzará a hablar, no para ella…sino para todos.

Roma!...Aquí ha venido la enviada por los dioses a los que tanto hemos venerado. Miren a su alrededor…observen al cielo y la tierra, ven acaso alguna respuesta a los ruegos que de seguro hacen. Nos han dejado abandonados a nuestra suerte…la muerte sólo nos espera este día.

La gente permanecía horrorizada. Su héroe, su líder, su emperador no les mantenía ninguna esperanza. Cubiertos de llanto algunos exclamaron una vez más las opciones que Anfitrite había señalado. Más él permaneció impávido.

Realmente creen que ella les permitirá vivir un día más al ser testigos de lo acontecido hoy día. Luego de presenciar semejante acto de desesperación de parte de los dioses. Para ellos nosotros siempre debemos ser sus simples sirvientes, nada más. Ustedes que saben la verdad sólo significaran una molestia fácil de erradicar. Cada uno de nosotros es débil por si sólo…

Sus pasos finalmente le habían hecho llegar a tres metros exactos de donde la diabólica figura de Anfitrite se levantaba.

…pero unidos jamás nuestra voluntad será vencida, ni siquiera por ellos. Tú, quien te haces llamar mi esposa. ¿Qué opinas? Esta opción no es entre Roma o la Atlántida, es sólo entre muerte y más muerte. Cualquier medida es para ustedes necesaria con tal de acabar con la idea de rebelión. Cerdo.

En sus manos está el ver finalmente acabado el sufrimiento de servir a estos buenos para nada. De ser dueños de su destino. Elijan entre morir como mártires o morir como siervos. Y si dentro de esta calumnia propagada por esta mujer yace la verdad de un origen divino de mi parte tengan por seguridad que todos aquí yacerán en los campos Elíseos, lugar digno de los héroes que son.

Aquello último generaba desconcierto a todos, pero también un extraño sentimiento de esperanza. La gente que yacía hay con todos sus sentidos intactos eran gente común y corriente, sin ningún valor en especial en el mundo terrenal. No eran como aquellos generales de alto rango o personajes ilustres que yacían aun inconscientes…realmente su vida habría sido llena de sacrificios y trabajo. La oportunidad de soñar con poder vivir un paraíso luego de la muerte era algo que para ellos parecía inalcanzable…pero ahora, su emperador así les confirmaba. De que valía seguir viviendo sabiendo que su destino sería el inframundo lleno de sus espectrales horrores cuando este hombre les prometía la vida eterna llena de gloria. Un sentimiento de orgullo y esperanza venía inundando sus corazones, estos se contraponían al miedo natural de saber que su último día había llegado. La muerte les esperaba igualmente.

Solomon lo percibió de inmediato. Lo sabía desde siempre, los verdaderos romanos no eran aquellos buitres que de seguro habrían matado a todos con tal de proseguir con sus riquezas en vida, sino el pueblo que con su orgullo habían levantado aquel pequeño pueblo rodeado por colinas hasta llegar a ser el imperio que actualmente era.

Si bien no sentía nada por ellos como amor o compasión, se permitía estar satisfecho de saber su primera meta concluida. Anfitrite, ni ningún otro dios le arrebatarían eso. Mucho menos con la muerte. Alzando su espada terminaba por arrojarla con fuerza incrustándola a los pies de la bestia.

Allí tienes mi respuesta. Me rehusó a seguir los mandatos de los canallas de los dioses. Cumple tu deseo más considera esto: el destino de estos hombres y sus familias será muy distinto al que te espera a ti. Por cada vida que cobres…este ser te las cobrara cada reencarnación tuya. Yo, Solomon, emperador de Roma te sentencio a ti y a tus ratas al olvido de aquí en adelante. A diferencia tuya, no te doy ninguna opción. Regocíjate mientras te quede vida que juro que sufrirás como nunca diosa inmortal.

Sus ojos yacían tan afilados como la hoja tirada a los pies de ella. Permanecía altivo aunque visiblemente agotado. El pueblo así mismo se erguía para demostrar su conformidad a lo dicho por su líder. No cederían, ya no.

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Mensaje por Dados Lun Oct 24, 2011 10:49 am

El miembro 'Solomon' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados

#1 'Objeto' : 5

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#2 'Ataque debil ' : 7

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#3 'Cosmos' : 44

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Mensaje por Ambrose Lun Oct 24, 2011 2:59 pm

Todo estaba dicho y hecho, mi estadía allí solo se prolongaba a llevar a cabo mi único objetivo: No irme con las manos vacías.

Ignorando sus palabras y acciones, y sabiendo cuál sería finalmente su respuesta, levanté mis brazos dejando caer mi tridente y éste resplandeció por completo, levitando en el aire momento en que murmuraba: - Traiganlo!!! Las cadenas energéticas se movieron a una velocidad sorprendente, parecían un sinfín de serpientes zigzagueando para atrapar a su presa, y por ellas mismas fui atrapada y envuelta en un capullo negro que palpitaba pausado y lento. Mis gritos, uno tras otro se escuchaban, propagándose por todo el ambiente como un eco de tortura y dolor.

El proceso aunque doloroso fue rápido, el capullo negro se abría por todo su centro dejando ver una luz un tanto azulada con toques dorados; mi apariencia había cambiado por completo, aunque conservaba mis cabellos largos y blancos, mi tez era mucho más pálida y mostraba signos de dolor, ojos rojos y ojeras que le hacían juego y mis labios negros con marchas a su alrededor del mismo tono de los ojos. Parecía estar más muerta que viva pero eso solo era en apariencia. Mis ropas completamente sucias por aquella sangre mundana y asquerosa de aquel romano solo hacían parecer más tétrica la escena.

Tomé mi tridente y en ese momento comenzaron a emerger de las aguas negras todos aquellos romanos que portaban en su pecho la rosa negra, todos caminando hacia la puerta y justo cuando se encontraban en frente las rosas caían de su pecho sin despojarlos de su vida y en el momento en que esto sucedía cadenas los envolvía, capturándolos e ingresándolos a través de la puerta como capullos. Uno a uno, diez en diez, cientos en cientos pasaban por aquel proceso mostrando como el agua comenzaba a aclararse pasando del negro al gris para finalmente volverse cristalina, evidenciando que todos absolutamente todos los que habían sido "elegidos" estaban dentro. Faltaba una cosa más, lo más importante y por lo que había usado tal técnica, golpeando mi tridente en suelo cubierto de agua, abrí un camino, mirando al General Marino de Lynmades, inexpresiva y en tono demandante: - Atlántida nos espera General... pero antes... volví a señalar hacia arriba, no propiamente el cielo sino sobre mi cabeza y en ese instante las cadenas traían sujetando lo que tanto había estado buscando, eché mi cabeza hacia atrás y sonreí al verla, permaneciendo así esbocé: - Eres hermoso aún en ese estado... Volviendo mi cabeza al frente y dirigiéndome al Emperador expresé: - Ni como Dios ni como Emperador, tu propia estupidez te supera.... resultaste más básico que un cerdo o una gallina... pensaste que me iría sin nada.... tu idiotez no tiene nombre HAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHHAHAHA.... hice una pausa - Viste lo que hay encima de mi cabeza, es lo más bello que has tenido.... y esta herida que tengo en el pecho solo fue la manera de llegar a él... sacrifiqué.... callando abruptamente para retomar, en tono burlezco: - ...Desde el Mukai para Roma... HAHAAHAHAHAHAHA disculpe su majestad... haciendo una reverencia :- Mi bien amada alma de Solomón Julia... terminando de decir esto y las cadenas envolvieron aquella alma que se encontraba en posición de crucifixión, haciéndola pasar por un proceso similar al mio para finalmente abrirse dejando caer, salir de su interior una hermosa rosa de cristal. Sonriendo con suma malicia y saboreándome los labios le dije: - Sólo espero que no se rompa...jijijijijijijiji Dando media vuelta, ya Sokaro se encontraba a mi lado y las grandes puertas comenzaron a cerrarse, atrayendo hacia dentro el agua que con anterioridad había dejado escapar. Cuando quedaba una pequeña abertura esbocé: - Ha sido un placer Emperador. Cerrándose por completo las puertas y desapareciendo de toda Roma pilares y entrada a la Atlántida.
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Mensaje por Solomon Mar Oct 25, 2011 12:30 pm

Se había marchado. Sus amenazas habían quedado en tal sólo eso, pero ¿Porque?...acaso miedo. Los ciudadanos que quedaban sobre la areas colindantes permanecian petrificados del susto y el desconcierto de ver como un demonio se había llevado a varios de los suyos. Ciertamente resultaba ser un duro golpe. El silencio se prolongaba sin que nadie siquiera se moviera ni un milimetro. Aquel efecto incluso había llegado a Solomon quien aun erguido permanecia con la imagen del arco que contenía aquel senador llevado al mundo de los sueños toda la eternidad.

Demonios. ¿Como supo donde ubicarle?...

La respuesta era más que sencilla aunque inpronunciable para él en ese instante. Sólo los dioses del sueño entraban y salían a su gusto del Mukai, sólo ellos y...Hades!. El dios más frio e inclemente, una oveja negra en el Olimpo, engañado por Zeus y desterrado a gobernar indefinidamente el reino de la muerte. Aquel tenía control sobre los dioses del sueño...pero...¿Esto significaba que todos los dioses estan uniendo fuerzas?

Demonios.

Enfatizo mientras rompia con el aura estatica del lugar. Sintiendo un frenetico aumento de energía se dispuso a cerrar sus ojos. Al parecer el efecto de Anfitrite había cesado, aun cuando aquella sed no.

Algunos tenientes sobrevivientes se acercaron llevandole en mano la careta de hierro que de inmediato se puso dandole el aspecto inicial al emperador. El pueblo se acercaba, calmado, como niños esperando que su padre les alivie de tan terrible pesadilla. Solomon aun podía percibir la sangre de todos como delicada fruta posible de arrancar en cualquier instante.

Señores...esto marca un hito. No pienses más en quienes se han marchado, son heroes...martires significativos de nuestra futura gran campaña. No desesperen, pues los honores debidos hacía aquellos caidos hoy se hará en donde debe ser: El coliseo.

Señalo luto en esta ciudad por el lapso de tres días. Lloren a sus muertos que se lo merecen más al cuarto día debemos armarnos de coraje y proseguir con nuestras vidas. Hice mi juramento ante ustedes y así será. Nunca se olviden de lo acontecido este día, pues será la mejor de las razones para ver caer a "esos" que yacen en el monte Olimpo.

Permaneciendo firme y mostrando serenidad convoco a sus soldados restantes.

Custodien la urbe y las obras de reconstrucción que pese al luto deben proseguir. Dejen el palacio a mi cuidado. Es una orden oral a la falta de escribas que aun yacen inconcientes. Ahora lleven al pueblo a sus hogares. No hay porque permanecer aquí sabiendo el peligro que nos acecho.

Los soldados de inmediato asintieron acatando las ordenes de su emperador. Las mujeres y civiles por otro lado seguirian atendiendo a los muchos hombres que seguían en trance. Solomon por su parte ingresaba a palacio donde la servidumbre debía estar más que estremecida al saber que su unico escape yacía libre de peligro. Los demás se alejaban del sitio aun temerozos pero con la certidumbre de que ese hombre, su soberano, les protejeria de hoy en adelante.
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Mensaje por Solomon Mar Nov 01, 2011 8:04 pm

El fin de aquel nefasto día cesaba, el deceso del sol traian consigo el miedo al comun de los mortales sin excepción, pero esa noche era diferente, pues aquel día se les había sembrado la semilla de la esperanza en sus corazones, la esperanza de lograr obtener un futuro mejor.

Sin embargo, un hombre yacía con el corazón en la boca, lleno de angustia y ansiedad. Él no era otro más que aquel valoroso hombre que había salvado a todo un pueblo aquella mañana, era el emperador...Solomon.

Las puertas de palacio yacian cerrados, las obras de construcción en su interior proseguian aun en horas de la madrugada, el fuego griego proporcionaba aquella luz tan necesaria para los obreros que con sumo cuidado llevaban a cabo su faena sin levantar más del ruido estrictamente necesario. Pero sus precauciones serían innecesarias, Solomon no concialiaría el sueño aunque tuviera al propio Orfeo tocandole al oido. Sus ojos marcados por el rojo daban a entender perfectamente su estado.

Las llamaradas le consumian el cuerpo entero, su corazón parecía gritar mientras su bombeo desigual estremecia su pecho. Solomon parecía estar bajo un estado de extasis, su apetito era inclemente y nisiquiera el intento de razonar le servia. La luna llena era el hito que terminaria por derramar el liquido de su avidez por sangre.

Pronto, una sombra saldria velozmente cruzando los techos del conjunto de edificios sin que nadie siquiera le sintiera. La luna era su unica brujula...una que le llevaría a su fin.
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Mensaje por Solomon Miér Dic 07, 2011 4:02 pm

Iba caminando a paso veloz por entre los pasillos dejando el ruido de sus pisadas colmando los silenciosos salones. Los siervos yacían intrigados en las areas más alejadas esperando a que lo peor pase, después de todo, cómo seres vivos eran capaces de percibir que la amenazante personalidad del dios de la guerra.

Al ver a su señor sin un sólo rasguño se sintieron más alentados a salir. Pero Solomon pasaba casi indiferente a los saludos de sus subditos, es más parecía refurfuñar a medida que pasaba a sus lados. Parecía tener algo en mente, no era usual en un hombre tan abnegado por la reconstrucción de su pueblo, pero ya casi anochecia, cosa que volvia todo muy extraño.

Señor...

Pero el emperador seguía avanzando rumbo a la salida. Los centuriones abrian las puertas lo más rapido que podian dejando a su excelencia salir aun mascullando cosas dificiles de digerir.

En las afueras el apacible silencio del ocaso reinaba dando anuncio a casi todo ser diurno que el día de trabajo acababa, aunque los maestros y arquitectos no lo harían por ordenes directas de su soberano, quien lejos de dormir partia con rumbo desconocido amparado por el velo de la noche.
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